Realizar una visita sosegada a Rodenas te permitirá conocer numerosos lugares con encanto. Las casas de color rojizo de rodeno y sus preciosos rincones convierten a Rodenas en una visita obligatoria para los visitantes de la Sierra de Albarracín.
Dentro de su casco urbano destaca la iglesia de Santa Catalina, cuyas obras finalizaron en 1588. En sus calles se conservan, también, algunas bellas casonas de los siglos XIII a XVII. La cisterna o aljibe musulmán es quizá la obra más emblemática del pueblo. Pero tampoco debes perderte los singulares lavaderos del Navajo, construidos en piedras rodenas, o el Palomar situado anejo a la Casa del Olmo.
La localidad está rodeada por una serie de piedras de rodeno con representaciones de figuras ancoriformes cuyas formas te sorprenderán. Otro punto importante que destaca por su espectacularidad e interés es la dolina de la Dehesa de Ribagorda, más conocida como el Hoyón de Rodenas. También es muy recomendable subir al mirador del Castillo y disfrutar de las vistas. De camino, se pueden observar los grabados pastoriles hechos en la roca de rodeno.
Rodenas, el pueblo rojo, guarda multitud de rincones para descubrir, pero si estos alicientes no te dejan con ganas de visitarlo, te dejamos una última recomendación de viaje: a cinco minutos en coche se encuentra el imponente Castillo de Peracense. ¿Necesitas más excusas para visitar Rodenas?